Estar Presente Con Uno Mismo
El zazen que haces hoy no será como el de ayer, y el de ayer no fue como el anterior. Todo cambia continuamente. Nosotros cambiamos continuamente.
La última enseñanza del Buda, aquello que consideró más importante, apunta precisamente a esto: reconocer que todas las cosas compuestas están sujetas al cambio. La transitoriedad de la vida humana no es una idea abstracta, sino algo esencial de comprender. Solemos vivir escondiéndonos de la realidad de la fragilidad de todo lo que nos rodea, incluso de la nuestra. Mirar de frente la naturaleza de la existencia no es algo que nos resulte agradable.
En zazen, nos sentamos con ello de manera íntima.
El maestro Dōgen, citando al Buda, decía que en zazen somos testigos del surgimiento y la desaparición de los dharmas. Dharma es una palabra con muchos significados, entre los cuales está el de "cosa" u "objeto". Esto puede ser físico o mental. Esos dharmas que aparecen son, en realidad, los que se manifiestan como nosotros mismos: una sensación que surge, un sentimiento que la sigue, un sonido, una percepción, una formación mental, una idea, un pensamiento.
Todo ocurre aquí mismo, dondequiera que se encuentre este cuerpo-mente. Pero, para verlo, es necesario estar despiertos. Estar presentes.
No hay nada aburrido ni monótono en sentarse en zazen. Es el despliegue completo de lo que somos, instante tras instante, apareciendo y desvaneciéndose. Es nuestra vida misma, en toda su plenitud, funcionando completamente.
En el Zen, hablamos de desprendernos del cuerpo-mente, de esto que llamamos "yo", esto a lo que nos aferramos desesperadamente.
¿Cómo podría uno desprenderse de sí mismo sin estudiarse?
¿Y cómo estudiarse sin prestar atención?
Por eso nos sentamos, permitiendo todo; por un rato aceptamos todo y hacemos espacio para todo. Mientras estemos aquí, simplemente estamos aquí.
Presentes.
Despiertos.
Escrito por Kandō Bion, el 29 de marzo, 2026

Solemos vivir escondiéndonos de la realidad de la fragilidad de todo lo que nos rodea, incluso de la nuestra. Mirar de frente la naturaleza de la existencia no es algo que nos resulte agradable.
