Extraer la Sustancia de Nuestra Vida
En la práctica budista, volvemos una y otra vez a los Preceptos. De una manera u otra, son esenciales en todas las tradiciones, incluso en el Zen. Damos mucha importancia a recibir y transmitir los Preceptos, y para quienes llevan un tiempo practicando, es natural preguntarse qué más se puede decir sobre ellos.
La respuesta es: mucho.
Soy alguien a quien le gusta profundizar en el tesoro de enseñanzas budistas, no solo dentro de una escuela o linaje concreto, sino a lo largo de toda la tradición. Hay una riqueza inmensa de enseñanzas prácticas, muchas de ellas totalmente relevantes para cómo vivimos nuestra vida hoy.
Una enseñanza que me parece oportuna aparece en un sutra Mahayana muy antiguo, poco leído en la actualidad. En él, un Bodhisattva laico llamado Ugra se acerca al Buda con una pregunta simple y directa: ¿Cómo viven y practican los Bodhisattvas, tanto laicos como ordenados? ¿Qué deberíamos hacer realmente?
El Buda responde describiendo el camino de vida de un Bodhisattva. En una sección, que podríamos llamar La Perspectiva del Bodhisattva, explica cómo un Bodhisattva entiende el mundo, dónde enfoca su atención y qué es verdaderamente importante. En un momento, el Buda dice que un Bodhisattva piensa en términos de:
extraer la sustancia de un cuerpo insustancial,
extraer la sustancia de una vida insustancial,
y extraer la sustancia de una riqueza insustancial.
Al principio, esto puede sonar abstracto. Pero apunta directamente a algo muy concreto
Gran parte de nuestra vida es insustancial: nuestros cuerpos cambian, nuestras circunstancias se transforman, y aquello que hoy valoramos puede no tener peso mañana. Y aun así, eso no significa que la vida carezca de sentido. La práctica plantea una pregunta muy práctica: ¿cómo extraemos lo que verdaderamente importa de aquello a lo que no podemos aferrarnos? ¿Cómo aprovechamos de manera real este cuerpo, esta vida y lo que tenemos, mientras todo se nos escapa entre los dedos?
¿Qué es insustancial? Todo. En el Sutra del Corazón decimos que la forma es vacuidad y la vacuidad es forma. Todas las cosas son expresiones de la vacuidad, carecen de existencia propia y de permanencia.
Nuestros cuerpos cambian y se deterioran. Nuestras circunstancias se transforman. La riqueza viene y va. Incluso nuestras creencias y convicciones no son tan sólidas como creemos. Lo que hoy creemos con firmeza, mañana nos puede parecer muy distinto. No hay nada a lo que podamos aferrarnos sin sufrir pérdida. Esta es una de las enseñanzas centrales del Buda.
Los preceptos del Bodhisattva ofrecen una manera de vivir con sabiduría dentro de esta realidad. No son normas impuestas desde fuera, sino una respuesta práctica a la impermanencia. A través de ellos aprendemos cómo extraer algo significativo de lo que no puede poseerse ni fijarse.
El Buda explica entonces cómo se manifiesta esta extracción de sustancia.
Primero, pregunta qué significa extraer la sustancia de un cuerpo insustancial: cómo aprovechar al máximo la forma humana que habitamos. Su respuesta es simple: actuando en beneficio de los demás, hablando con respeto y honrando a quienes nos guían en el camino.
Lo que vemos aquí es cuidado hacia los demás, humildad y rectitud en el habla. No son virtudes abstractas, sino acciones concretas. El cuerpo se convierte en un vehículo para la iluminación cuando se usa para servir, para mostrar respeto y para actuar con integridad. Los preceptos del Bodhisattva dan forma a este uso del cuerpo. Muestran cómo esta existencia física puede expresar sabiduría y compasión.
A continuación, el Buda pregunta qué significa extraer la sustancia de una vida insustancial. Su respuesta es: no dañar las raíces de la bondad, sino hacer que crezcan.
Esta es una afirmación profunda sobre el valor. Una vida significativa no se mide por su duración, por los logros o por el reconocimiento, sino por el cultivo de lo que es bueno. Los preceptos ofrecen una orientación clara hacia ese cultivo. Nos ayudan a reconocer lo que favorece la claridad, la bondad y la responsabilidad, y lo que las debilita. En momentos de incertidumbre o confusión, cuando la mente carece de claridad, los preceptos iluminan el camino.
Finalmente, el Buda pregunta qué significa extraer la sustancia de una riqueza insustancial. Su respuesta es contener la avaricia, aumentar la generosidad y compartir libremente.
Aquí, la riqueza no se limita al dinero o a los bienes, sino que incluye todo aquello a lo que nos aferramos: conocimientos, tiempo, atención e incluso comprensión espiritual. Los preceptos del Bodhisattva fomentan una relación generosa con todo ello: no retener lo que puede beneficiar a los demás, no acumular lo que nunca fue realmente nuestro.
Incluso la práctica juntos —ya sea en el zendo, durante un retiro o en línea— tiene un aspecto de generosidad. Usamos nuestros cuerpos para dar forma al zazen, para cantar sutras, para inclinarnos, para honrar a nuestros antepasados y ofrecer incienso. Después dedicamos el mérito de nuestra práctica, ofreciendo nuestros esfuerzos sinceros a todos los seres. Cada vez que juntamos las palmas en gassho, nos comprometemos con la generosidad reconociendo la no separación: la unidad de yo y otro, de práctica y realización.
Vistos así, los preceptos no son restricciones morales. Apuntan a la realidad misma y funcionan, en un sentido muy real, como herramientas. Nos ayudan a extraer algo duradero de lo que es efímero y enseñan cómo vivir con cuidado y profundidad en un mundo donde nada permanece.
Esto es lo que significa extraer la sustancia de nuestra vida. Si parece algo pequeño, en absoluto lo es realmente
Escrito por Kandō Bion, el 2 de febrero, 2026

